Desde la antigüedad, los hombres se han preguntado de qué están hechas las cosas. El primero del que tenemos noticias fue un pensador griego, Tales de Mileto, quien en el siglo VII antes de Cristo, afirmó que todo estaba constituido a partir de agua, que enrareciéndose o solidificándose formaba todas las sustancias conocidas. Con posterioridad, otros pensadores griegos supusieron que la sustancia primigenia era otra. Así, Anaxímenes, en al siglo VI a. C. creía que era el aire y Heráclito el fuego.

Aristóteles, añadió a estos cuatro elementos un quinto: el
quinto elemento, el éter o quintaesencia, que formaba las estrellas, mientras
que los otros cuatro formaban las sustancias terrestres. Tras la muerte de
Aristóteles, gracias a las conquistas de Alejandro Magno, sus ideas se
propagaron por todo el mundo conocido, desde España, en occidente, hasta la
India, en el oriente. La mezcla de las teorías de Aristóteles con los
conocimientos prácticos de los pueblos conquistados hicieron surgir una nueva
idea: La alquimia.
Cuando se fundían ciertas piedras con carbón, las piedras se
convertían en metales, al calentar arena y caliza se formaba vidrio y
similarmente muchas sustancias se transformaban en otras. Los alquimistas
suponían que puesto que todas las sustancias estaban formadas por los cuatro
elementos de Empédocles, se podría, a partir de cualquier sustancia, cambiar su
composición y convertirla en oro, el más valioso de los metales de la
antigüedad. Durante siglos, los alquimistas intentaron encontrar, evidentemente
en vano, una sustancia, la piedra filosofal, que transformaba las sustancias que
tocaba en oro, y a la que atribuían propiedades maravillosas y mágicas.

John Dalton |
Conocer las propiedades de los átomos, y en especial su
peso, se transformó en la tarea fundamental de la química y, gracias a las
ideas de Avogadro y Cannizaro, durante la primera mitad del siglo XIX, gran
parte de la labor química consistió en determinar los pesos de los átomos y las
formulas químicas de muchos compuestos.
Al mismo tiempo, se iban descubriendo más y más elementos.
En la década de 1860 se conocían más de 60 elementos, y saber las propiedades
de todos ellos, era imposible para cualquier químico, pero muy importante para
poder realizar su trabajo. Ya en 1829, un químico alemán, Döbereiner, se
percató que algunos elementos debían guardar cierto orden. Así, el calcio,
estroncio y bario formaban compuestos de composición similar y con propiedades
similares, de forma que las propiedades del estroncio eran intermedias entre
las del calcio y las del bario. Otro tanto ocurría con el azufre, selenio y
teluro (las propiedades del selenio eran intermedias entre las del azufre y el
teluro) y con el cloro, bromo y iodo (en este caso, el elemento intermedio era
el bromo). Es lo que se conoce como tríadas de Döbereiner. Las ideas de
Döbereiner cayeron en el olvido, aunque muchos químicos intentaron buscar una
relación entre las propiedades de los elementos.
En tres de los huecos, predijo las propiedades de los
elementos que habrían de descubrirse (denominándolos ekaboro, ekaaluminio y
ekasilicio), cuando años más tarde se descubrieron el escandio, el galio y el
germanio, cuyas propiedades se correspondían con las predichas por Mendeleyev,
y se descubrió un nuevo grupo de elementos (los gases nobles) que encontró
acomodo en la tabla de Mendeleyev, se puso de manifiesto no sólo la veracidad
de la ley periódica, sino la importancia y utilidad de la tabla periódica.

Conclusión
para finalizar con este tema llegamos a la conclusion de que la tabla peródica es un arma muy indispensable para todo químico ya que de ahi podemos obtener mucha informacion sobre cada un de los elementos como por ejemplo: electrones de valencia, numeros de oxidación, entre mucho mas.